Página 1

Cuentos - Por Juan Carlos Watson
     Cultura      Entretenimientos Tecnología  
Uruguay

 

 

Pags. 1 2 3 4 5 6 7 8
 
 
SIETE VIDAS
 
CAPITULO I
Ella abrió sus impresionantes ojos celestes lentamente mientras él cubría sus blancas y redondeadas rodillas con uno de los bordes de su túnica azul.
Quizás hacia un par de horas que estaba allí con las piernas recogidas durmiendo en el banco de madera...
-Hola... Le dijo sonriente, apurándose a aclarar ŒComo trabajo en dos lados, muchas veces llego bastante cansada...
Esa tarde la vió varias veces sonreírle en la oficina, mientras realizaba su tarea administrativa.
¿Es que nunca había reparado en su presencia?
Un par de días después la volvió a ver y la invitó a tomar algo.
Entre humo de cigarrillos, cafés e historias sin importancia, pasaron tres horas enclaustrados en un pequeño pero reservado local.
-Tu gesto me conmovió... Resultaste todo un caballero... Dijo en un momento sonriendo nerviosamente...
Ese fue el puntapié inicial para entablar una charla más profunda sobre nuestras vidas.
Lamentablemente cada uno tenía tareas que realizar, por lo que quedaron en encontrarse a los dos días en el mismo bar.
El día del segundo encuentro, se preparó para algo importante... Que no sucedió...
Ella decía que cuando él le encendía el cigarrillo, a ella le corría por todo el cuerpo un escalofrío.
Dos veces ella lo fue a esperar al sanatorio a donde tenía que concurrir a realizar fisioterapia. La segunda, bajo una lluvia terrible, y con su cabello empapado y una tranquila sonrisa en sus labios, lo esperó durante una hora.
Otra vez se encontraron solamente para pasear, tomados de la mano y contarse historias sentados en un banco de piedra de una pequeña plaza de barrio.
Esta noche ocurrió...
Ya no aguantaban más y buscaron un rincón oscuro para acariciarse, besarse...
Hicieron el amor parados y atentos a las luces de los pocos autos que pasaban por el lugar.
Aquella mañana despertó contento...
El canto de un gallo, que pronto pasaría a mejor vida, era  acompañado por un alocado coro de pájaros...
Ella también despertó, desperezándose lentamente mientras pronunciaba un meloso ŒBuen día, papi.
Se levantó enseguida, le dio un beso, y se dirigió a la cocina a preparar unos mates.
El se levantó a la media hora, se calzó el jean, y se fue a sentar bajo la perfumada parra, húmeda de rocío, a esperarla...
Habían pasado dos semanas, cuando ella lo encaró una mañana dispuesta a comentarle algo, que supuestamente,
él desconocía.
Lo último que pensaba escuchar era una frase como esa de sus labios...
-Mirá...No nos vamos a poder ver por unos cuantos días. Mi marido viene del interior y trae a los chicos...